El II Encuentro Arquidiocesano de Madrugadores en Montahue fue una jornada de profunda fe, fraternidad y renovación espiritual. La presencia del obispo dio un fuerte respaldo eclesial a esta corriente de vida que invita a los hombres a encontrarse con Dios al amanecer, fortaleciendo su vocación de esposos, padres y servidores de la Iglesia.
En su homilía, el obispo compartió un testimonio muy personal y significativo: señaló que Dios le regaló el sentido de comunidad a través de su participación con los Madrugadores. Destacó que, así como los laicos necesitan una comunidad que los sostenga en la fe, también los sacerdotes y religiosos necesitan encontrar hermanos con quienes caminar, compartir y crecer espiritualmente. Su reflexión fue una invitación a valorar la fraternidad como un don esencial para la vida cristiana.
Uno de los momentos más emotivos fue la Alianza de Amor de 58 madrugadores, quienes sellaron o renovaron su compromiso con la Mater.
También tuvo especial significado la intervención de Ramiro Bravo, uno de los testigos fundadores de esta corriente de vida, quien compartió los inicios de este camino espiritual y animó a los presentes a mantener vivo el espíritu de fidelidad, servicio y encuentro con Dios que caracteriza a los Madrugadores.
Montahue fue un verdadero encuentro de familia, donde la fe, la comunidad y la Alianza de Amor se hicieron vida. Un signo esperanzador de que María sigue formando hombres nuevos para una Iglesia más fraterna, misionera y comprometida con el Evangelio.

¡Que viva la Alianza de Amor y que sigan creciendo las comunidades de Madrugadores!
Guillermo Plaza
