Madrugar es mucho más que levantarse temprano para orar
Los madrugadores estamos llamados a ser pescadores de hombres
Madrugar es mucho más que levantarse temprano para orar: madrugamos con el cuerpo aún medio dormido, pero el corazón encendido de fervor, para salir al encuentro con Cristo.
Madrugar significa para nosotros renovar la fe cuando nadie nos ve, fortalecer la fraternidad que nos sostiene y compartir la vida que Dios nos regala cada día.
En la Misa nos encontramos con Jesús; en la Mesa nos reconocemos como hermanos, sin máscaras ni distancias; y en la tercera M (Mundo o Misión) somos enviados a llevar, con las manos abiertas, aquello que hemos recibido gratuitamente.
Por eso la madrugada no puede apagarse cuando termina la celebración: tiene que seguir ardiendo en nuestra vida de todos los días.
El llamado de Jesús
Jesús llamó a Pedro y a Andrés mientras estaban ahí, con las manos metidas en sus redes, ganándose el pan, y les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Mt 4,19).
Esa misma voz nos sigue llamando hoy a los madrugadores: a remar mar adentro, a dejar la orilla cómoda de nuestras seguridades y salir a buscar a tantos hombres que quizás cargan una sed de Dios que ni ellos mismos saben nombrar, y que solo esperan que alguien los invite a acercarse a Él.
Extender nuestras redes
Nuestras redes no están hechas de hilo ni de nudos: están tejidas de servicio, amor y fe expresada en el testimonio de oración, unión y fraternidad verdadera y de una vida que deseamos se parezca, aunque sea un poco, al Evangelio que decimos creer.
Por eso, nuestra corriente de vida es, en el fondo, una verdadera escuela de discípulos misioneros: madrugamos para encontrarnos con Cristo de la mano de María, y salimos con el alma todavía ardiente de ese encuentro para encontrarnos con aquellos a quienes debemos llevar el mensaje de amor del resucitado.
Como alguien publicó hace tiempo, no estamos llamados a quedarnos en la orilla, disfrutando solos de nuestra propia comunidad, como quien guarda un tesoro para sí mismo. Estamos llamados a llevar esa alegría, a veces silenciosa y a veces desbordante, hacia nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros barrios, nuestras parroquias y la sociedad entera.
En la próxima madrugada lleva contigo esta impronta: “ser pescador de hombres”, porque esa es la razón de ser que nos define, nos constituye y nos sostiene.
Tan sencilla y tan grande a la vez, la misión de un madrugador no es otra cosa que ayudar a otros hombres a descubrir, quizás por primera vez, que él también ha sido llamado por Cristo a echar sus propias redes para colaborar y participar en el Reino de Dios.
Autor: Fabián Aguirre, Comunidad Genetserú, Santa Cruz de la Sierra – Bolivia
